4 de enero de 2011
Queridos Reyes Magos...
30 de diciembre de 2010
Felices Fiestas
Como nadie tiene la dignidad en la televisión de este país de ser consecuente y rendir homenaje a uno de los mejores deportistas del 2010, y uno de los mejores de la historia de España, os dejo mi felicitación en forma de vídeo, este es D.Javier Gómez Noya.
Felices fiestas a todos y que tengáis un estupendo 2011.
14 de diciembre de 2010
Bombonas, no bombones. Gracias.

de la industria americana suele ser motivo de saciedad mental). Así que después de ese breve paréntesis he vuelto con ganas de fiesta, y me he puesto de nuevo las pilas en el estudio y el entrenamiento, haciendo breves paradas para olisquear algunos papeles viejos. Ahora sigo con mis libros, mis compañeros de viaje y mis fantasmas. Así que nada, ahora viene la navidad, y este año, creo que me pediré bombonas en lugar de bombones algunos ya saben que sobran los motivos.Aquí os dejo unas fotografías retocadas con algo de HDR y photoshop.
25 de noviembre de 2010
Medio pan y un libro
uien va al teatro, a un concierto o a una fiesta de cualquier índole que sea, si la fiesta es de su agrado, recuerda inmediatamente y lamenta que las personas que él quiere no se encuentren allí. ‘Lo que le gustaría esto a mi hermana, a mi padre’, piensa, y no goza ya del espectáculo sino a través de una leve melancolía. Ésta es la melancolía que yo siento, no por la gente de mi casa, que sería pequeño y ruin, sino por todas las criaturas que por falta de medios y por desgracia suya no gozan del supremo bien de la belleza que es vida y es bondad y es serenidad y es pasión. Por eso no tengo nunca un libro, porque regalo cuantos compro, que son infinitos, y por eso estoy aquí honrado y contento de inaugurar esta biblioteca del pueblo, la primera seguramente en toda la provincia de Granada.
No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro. Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos. Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan. Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio de Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social.
Yo tengo mucha más lástima de un hombre que quiere saber y no puede, que de un hambriento. Porque un hambriento puede calmar su hambre fácilmente con un pedazo de pan o con unas frutas, pero un hombre que tiene ansia de saber y no tiene medios, sufre una terrible agonía porque son libros, libros, muchos libros los que necesita y ¿dónde están esos libros?
¡Libros! ¡Libros! Hace aquí una palabra mágica que equivale a decir: ‘amor, amor’, y que debían los pueblos pedir como piden pan o como anhelan la lluvia para sus sementeras. Cuando el insigne escritor ruso Fedor Dostoyevsky, padre de la revolución rusa mucho más que Lenin, estaba prisionero en la Siberia, alejado del mundo, entre cuatro paredes y cercado por desoladas llanuras de nieve infinita; y pedía socorro en carta a su lejana familia, sólo decía: ‘¡Enviadme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera!’. Tenía frío y no pedía fuego, tenía terrible sed y no pedía agua: pedía libros, es decir, horizontes, es decir, escaleras para subir la cumbre del espíritu y del corazón. Porque la agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida.
Ya ha dicho el gran Menéndez Pidal, uno de los sabios más verdaderos de Europa, que el lema de la República debe ser: ‘Cultura’. Cultura porque sólo a través de ella se pueden resolver los problemas en que hoy se debate el pueblo lleno de fe, pero falto de luz.
8 de noviembre de 2010
Varado
Demasiada desidia coge este elemento que escribe. Hace bastante tiempo que no me intereso por lo que me más me gusta, que tengo la sensación de ser una brújula estropeada y que la sequedad de mis mucosas no me deja respirar. Desde luego que la aptitud no falta, pero hay algunos bichitos pequeños que no me dejan descansar. He llamado a JJM, pero sus hombrecillos no son los que me incordian. El caso es que tengo que borrar y borrar de manera repetida las cosas que escribo y que de tanto hacerlo he llegado a emborronar el papel. Al final, he optado por lo más sencillo, lo que todo niño haría, darle la vuelta al papel y tratar de aprovechar lo que tiene por la otra cara. Eso no quiere decir que no me acuerde ya de los borrones, ni que no vaya a volver a ensuciar de idas y venidas esa nueva cara, pero al menos, ahora puedo seguir ensuciando.La otra noche, junto a la almohada y un poco de música de Chopin me tropecé con un nuevo libro. Es algo diferente a lo que venía leyendo en los últimos años pero me agrada, seguramente por el hecho de que no me entero muy bien de lo que dice (o de que me entero sólo de lo que quiero). En él se habla de ecuaciones, de científicos y de revoluciones, así que como os podéis imaginar tiene todos los ingredientes para un buen potaje de reflexiones. La cuestión es que me entretiene, y como siempre me gusta decir -si algo te entretiene no lo dejes, si por el contrario te aburre, abandona y no pierdas tiempo-. Estos días seguiré charlando con él, espero que entre las nubes que anuncian lluvia vengan algunos rayos de luz, aunque tampoco serán necesarios muchos.
Saltando entre ideas camina esta entrada, así que doy un brinco a mi otra afición, el deporte. Los entrenamientos siguen bien, añoro la bicicleta y la compañía de los nervios de las carreras, pero no me quejo. Al menos mi cuerpo me permite seguir haciendo series y series y el muy desgraciado ni se resiente (toquemos madera). Ya os contaré en otro momento como van, pero de momento ya alcancé las dominadas necesarias. Es una alegría poder seguir acompañando cada día de esos ratos al aire libre.
Hoy es un día peculiar, porque he terminado algo que empecé hace un mes y que se ha alargado más de los esperado. Seguramente sea el causante de un estado que ni me gusta, ni será permanente. Así que puedo cerrar la entrada con el placer del beneficio y de la victoria, aún siendo el esfuerzo final mayor del esperado siempre es impulsivo el hecho coronado.
24 de octubre de 2010
Llamando a la puerta
La llave. Qué supone tener esa llave, esa herramienta que con el paso del tiempo se ha ido transformando en un elemento indispensable, para abrir, para cerrar, para poder traspasar hacia lugares propios, personales, autónomos, con distribución propia, poco iluminados y consumidos con el paso de los años. Ella se adapta con facilidad, se transforma desde un elemento semejante en un pieza única, es capaz de con un simple cambio dejar de ser útil, o quizás, de serlo para otra puerta. Me gusta recordar el ruido de la máquina que la hace madurar, como al gusano, allí tras el mostrador, un ruido fuerte pero agradable, que no es otro que el del cambio hacia la función, hacia la dependencia.Son las seis ante merídiem, suena el despertador y casi como robots la gran mayoría de los ciudadanos introducen la llave en el automóvil, ya están enchufados. La ventana está subida, el ruido del medio día contrasta de manera agradable con el de la noche, la ciudad aún no quiere despertarse. Los parques están encadenados, sumisos ante la nueva norma que ha impuesto la llave, las misma que nos ha atado a los coches, el nuevo órgano del ser humano que nos hace transformers paseando por la ciudad, destruyendo con simples movimientos espacios colonizados por el tiempo. Detrás de las vallas están los árboles, los columpios aseados por el rocío de la mañana, las papeleras repletas de basuras, el viento, el olor penetrable de un espacio que fue público, y nosotros desde el coche, desde la única ventana que nuestra vivienda nos deja abrir y cerrar, observamos en ese breve espacio de tiempo detenido esa célula que se desnaturaliza, que no puede relacionarse porque la llave no quiere, porque esa pieza que fue anónima ahora separa, divide y rescinde un trozo de la ciudad que no quiere ser abandonado. La marcha continúa, algo más lenta de lo normal, apenas si el vaho nos deja ver las aceras, los recorridos que el peatón hace a través de más y más puertas, todas con sus llaves. Las calles parecen iguales, pero ahora son las aceras las que tiene problemas de salud, han sido adelgazadas para compartir su espacio con la bicicleta, que es generosa y alegre, rápida y algo maleducada aún, pero buena compañera. Sin embargo, las llaves siguen sin dejarnos pasar, las puertas opacas de los vehículos no dejan que nosotros, las aceras y las bicicletas nos bajemos a la ciudad, no tenemos llave. Lo sentimos mucho, pero lo intentamos, con sonidos, con color, con textura móvil a través del pavimento, con invasiones urbanas que impiden que más y más llaves no encierren en celdas en plena madrugada, con el paseo diario, con el grito mudo del movimiento, de la vida y de la ocupación. El coche se ha parado, la ventanilla se ha subido y, por sorpresa, aún puedo caminar. La ciudad sigue siendo receptiva, agradable al saludo de la mañana y la sonrisa del pasajero, las calles siguen teniendo dueño. Establecer un continuo intercambio para transformar el mapa actual de la ciudad en otro está en la capacidad de modificación del hábito, en la desconexión de la llave, en la llamada a la puerta y en la apertura, que ahora y siempre siguen mostrando un espacio de relación, de vida y de actos sucesivos, que muestran la ciudad. La llave es nuestra y por esto, podemos seguir llamando al a puerta.
Hace ya tiempo que escribí este breve texto, pero ahora me apetece sacarlo al blog. La imagen es de Antonio Más Morales, y se titula "La llave de mis sueños". El contexto que rodea al texto es conocido por pocos, pero creo de vez en cuando está bien recordarse a uno mismo ciertas cosas, que no pueden pasar inadvertidas en el día a día.
2 de octubre de 2010
Disculpe el Señor... (Joan Manuel Serrat)
Destierros
Esperaremos la posibilidad
En honor a un gran hombre
Erase una vez un largo