30 de diciembre de 2010

Felices Fiestas

Más vale tarde que nunca. Pues hoy día 30 de diciembre vuelvo a escribir para terminar el año re-encontrandome con la libreta que escribí hace ya un año. 2010 ha sido un año especial, los motivos son muy conocidos pero para hacer memoria puedo afirmar que tras seis años practicando triatlón este ha sido el primer año que no me he puesto el mono y que no he sentido por mis venas la adrenalina de la competición. Por otro lado, el gran objetivo se consiguió pronto y quizás por eso el resto del año ha sido un poco diferente. En febrero de 2010 culminé otro periodo de seis años de estudios intensos, interesante y excitantes que me han llevado a ser arquitecto. La ETSAS se despidió de mí mucho antes de que pudiera darme cuenta y sin saberlo mucho me liberé de una carga que pesaba más de lo que pensaba. Ahora recuerdo con añoranza y con muchísimo cariño aquellas horas interminables de proyectos, aquellas presentaciones, aquellos suspensos que al final se convirtieron en aprobados y sobre todo en los grandes amigos que allí conseguimos fraguar una amistad única. Paralelamente me re-encontré conmigo mismo en un viaje para descansar, 1100Km desde Sevilla a Santiago en bicicleta. 12 días de pedaleo puro, con la compañía del gran Javier Ribera y de mi hermano Carlos. La verdad es que ha sido una experiencia formidable, ya he cruzado España dos veces en bicicleta y me encanta. La academia terminó para continuar con más cursos que me adentran en un mundo desconocido para mí, la oposición para ser bombero. Entrenamientos duros y horas que deben aumentar para lograr el éxito hacen del día a día una dura carrera que tengo por delante. Para no olvidarme de los camaleones he realizado alguna carrera popular aquí las reseño para no olvidarlas nunca; Media maratón Sevilla- Los Palacios, Nocturna de Pilas, San Juan de Aznalfarache y San José de la Rinconada. No puedo olvidarme de los carnets que ya he conseguido y que para mí no son poca cosa, ya dispongo del C, C+E, BTP y B+E. La verdad es que 2010 ha sido un año bonito, porque se ha podido compartir bien, porque los que me rodean han demostrado con mucha frecuencia estar aquí y porque los días son recordados con alegría y sonrisas. También ha tenido algunas cosas duras, pero he podido aprender lo suficiente de ellas. En definitiva me siento satisfecho, así que a 2011 le pido un poco más, ser más constante e igual de inquieto en el estudio, tener algo más de fortuna en los vicios y sobre todo seguir emborracharme de lo que más me gusta.

Como nadie tiene la dignidad en la televisión de este país de ser consecuente y rendir homenaje a uno de los mejores deportistas del 2010, y uno de los mejores de la historia de España, os dejo mi felicitación en forma de vídeo, este es D.Javier Gómez Noya.
Felices fiestas a todos y que tengáis un estupendo 2011.


14 de diciembre de 2010

Bombonas, no bombones. Gracias.

Volver con la frente marchita, así nos presenta D. Carlos Gardel su elocuente tema y de la misma manera regreso a las líneas que acampan en este espacio también algo marchitado por el tiempo. Demasiadas arrugas se han sumado en estos días a un individuo febril en determinados contextos. He pasado una semana generosa en conocimiento y felicidad en la estupenda capital de este nuestro país. En ella he podido asistir con más motivación que aportación a un interesante curso sobre las relaciones entre los riesgos y la sociedad y que me ha permitido asomarme por una ventana excesivamente ceñida al ordenamiento jurídico que nos encadena (véase "la jaula de la libertad" Eduardo Chillida). Esta situación me ha otorgado la posibilidad de ver con mayor precisión situaciones que si bien atormentaban mi sinapsis en los últimos meses ahora son parte de mi propia estructura personal y no hacen más que motivar los acontecimientos que van apareciendo. En definitiva, esa semana me ha sentado tan bien, que las arrugas no están en la frente, sino en los pómulos. Hablar con personas de un nivel intelectual que considero muy superior al mío, no solo no es que me guste, es que además me provoca inquietud y satisfacción auditiva. He podido conversar en comidas, cafés y desayunos con personas que pertenecen a un ámbito que puede que en el futuro me vea involucrado y digo puede, porque no debe ser de otra manera (desconcentración, que no descentralización). Además del intenso, curioso y excesivamente frío curso he podido visitar un poco más la ciudad, conocer El Prado por primera vez no solo no me ha dejado agotado físicamente, sino que me ha proporcionado un motivo más para seguir haciendo visitas particulares, esto es, ir a ver lo que siempre he querido ver (porque cuando no se trata de películas baratas de la industria americana suele ser motivo de saciedad mental). Así que después de ese breve paréntesis he vuelto con ganas de fiesta, y me he puesto de nuevo las pilas en el estudio y el entrenamiento, haciendo breves paradas para olisquear algunos papeles viejos. Ahora sigo con mis libros, mis compañeros de viaje y mis fantasmas. Así que nada, ahora viene la navidad, y este año, creo que me pediré bombonas en lugar de bombones algunos ya saben que sobran los motivos.

Aquí os dejo unas fotografías retocadas con algo de HDR y photoshop.

25 de noviembre de 2010

Medio pan y un libro

Tenía preparada otra entrada para subir, pero acabo de leer un correo (de un buen amigo) en el cual se indica el discurso de Federico García Lorca al inaugurar la biblioteca de su pueblo. Me ha encantado, y por eso os lo dejo aquí. (Se publicó en El Polvorín)

Cuando alguien va al teatro, a un concierto o a una fiesta de cualquier índole que sea, si la fiesta es de su agrado, recuerda inmediatamente y lamenta que las personas que él quiere no se encuentren allí. ‘Lo que le gustaría esto a mi hermana, a mi padre’, piensa, y no goza ya del espectáculo sino a través de una leve melancolía. Ésta es la melancolía que yo siento, no por la gente de mi casa, que sería pequeño y ruin, sino por todas las criaturas que por falta de medios y por desgracia suya no gozan del supremo bien de la belleza que es vida y es bondad y es serenidad y es pasión.

Por eso no tengo nunca un libro, porque regalo cuantos compro, que son infinitos, y por eso estoy aquí honrado y contento de inaugurar esta biblioteca del pueblo, la primera seguramente en toda la provincia de Granada.
No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro. Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos. Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan. Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio de Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social.
Yo tengo mucha más lástima de un hombre que quiere saber y no puede, que de un hambriento. Porque un hambriento puede calmar su hambre fácilmente con un pedazo de pan o con unas frutas, pero un hombre que tiene ansia de saber y no tiene medios, sufre una terrible agonía porque son libros, libros, muchos libros los que necesita y ¿dónde están esos libros?
¡Libros! ¡Libros! Hace aquí una palabra mágica que equivale a decir: ‘amor, amor’, y que debían los pueblos pedir como piden pan o como anhelan la lluvia para sus sementeras. Cuando el insigne escritor ruso Fedor Dostoyevsky, padre de la revolución rusa mucho más que Lenin, estaba prisionero en la Siberia, alejado del mundo, entre cuatro paredes y cercado por desoladas llanuras de nieve infinita; y pedía socorro en carta a su lejana familia, sólo decía: ‘¡Enviadme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera!’. Tenía frío y no pedía fuego, tenía terrible sed y no pedía agua: pedía libros, es decir, horizontes, es decir, escaleras para subir la cumbre del espíritu y del corazón. Porque la agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida.
Ya ha dicho el gran Menéndez Pidal, uno de los sabios más verdaderos de Europa, que el lema de la República debe ser: ‘Cultura’. Cultura porque sólo a través de ella se pueden resolver los problemas en que hoy se debate el pueblo lleno de fe, pero falto de luz.


8 de noviembre de 2010

Varado

Demasiada desidia coge este elemento que escribe. Hace bastante tiempo que no me intereso por lo que me más me gusta, que tengo la sensación de ser una brújula estropeada y que la sequedad de mis mucosas no me deja respirar. Desde luego que la aptitud no falta, pero hay algunos bichitos pequeños que no me dejan descansar. He llamado a JJM, pero sus hombrecillos no son los que me incordian. El caso es que tengo que borrar y borrar de manera repetida las cosas que escribo y que de tanto hacerlo he llegado a emborronar el papel. Al final, he optado por lo más sencillo, lo que todo niño haría, darle la vuelta al papel y tratar de aprovechar lo que tiene por la otra cara. Eso no quiere decir que no me acuerde ya de los borrones, ni que no vaya a volver a ensuciar de idas y venidas esa nueva cara, pero al menos, ahora puedo seguir ensuciando.
La otra noche, junto a la almohada y un poco de música de Chopin me tropecé con un nuevo libro. Es algo diferente a lo que venía leyendo en los últimos años pero me agrada, seguramente por el hecho de que no me entero muy bien de lo que dice (o de que me entero sólo de lo que quiero). En él se habla de ecuaciones, de científicos y de revoluciones, así que como os podéis imaginar tiene todos los ingredientes para un buen potaje de reflexiones. La cuestión es que me entretiene, y como siempre me gusta decir -si algo te entretiene no lo dejes, si por el contrario te aburre, abandona y no pierdas tiempo-. Estos días seguiré charlando con él, espero que entre las nubes que anuncian lluvia vengan algunos rayos de luz, aunque tampoco serán necesarios muchos.
Saltando entre ideas camina esta entrada, así que doy un brinco a mi otra afición, el deporte. Los entrenamientos siguen bien, añoro la bicicleta y la compañía de los nervios de las carreras, pero no me quejo. Al menos mi cuerpo me permite seguir haciendo series y series y el muy desgraciado ni se resiente (toquemos madera). Ya os contaré en otro momento como van, pero de momento ya alcancé las dominadas necesarias. Es una alegría poder seguir acompañando cada día de esos ratos al aire libre.
Hoy es un día peculiar, porque he terminado algo que empecé hace un mes y que se ha alargado más de los esperado. Seguramente sea el causante de un estado que ni me gusta, ni será permanente. Así que puedo cerrar la entrada con el placer del beneficio y de la victoria, aún siendo el esfuerzo final mayor del esperado siempre es impulsivo el hecho coronado.

24 de octubre de 2010

Llamando a la puerta

La llave. Qué supone tener esa llave, esa herramienta que con el paso del tiempo se ha ido transformando en un elemento indispensable, para abrir, para cerrar, para poder traspasar hacia lugares propios, personales, autónomos, con distribución propia, poco iluminados y consumidos con el paso de los años. Ella se adapta con facilidad, se transforma desde un elemento semejante en un pieza única, es capaz de con un simple cambio dejar de ser útil, o quizás, de serlo para otra puerta. Me gusta recordar el ruido de la máquina que la hace madurar, como al gusano, allí tras el mostrador, un ruido fuerte pero agradable, que no es otro que el del cambio hacia la función, hacia la dependencia.
Son las seis ante merídiem, suena el despertador y casi como robots la gran mayoría de los ciudadanos introducen la llave en el automóvil, ya están enchufados. La ventana está subida, el ruido del medio día contrasta de manera agradable con el de la noche, la ciudad aún no quiere despertarse. Los parques están encadenados, sumisos ante la nueva norma que ha impuesto la llave, las misma que nos ha atado a los coches, el nuevo órgano del ser humano que nos hace transformers paseando por la ciudad, destruyendo con simples movimientos espacios colonizados por el tiempo. Detrás de las vallas están los árboles, los columpios aseados por el rocío de la mañana, las papeleras repletas de basuras, el viento, el olor penetrable de un espacio que fue público, y nosotros desde el coche, desde la única ventana que nuestra vivienda nos deja abrir y cerrar, observamos en ese breve espacio de tiempo detenido esa célula que se desnaturaliza, que no puede relacionarse porque la llave no quiere, porque esa pieza que fue anónima ahora separa, divide y rescinde un trozo de la ciudad que no quiere ser abandonado. La marcha continúa, algo más lenta de lo normal, apenas si el vaho nos deja ver las aceras, los recorridos que el peatón hace a través de más y más puertas, todas con sus llaves. Las calles parecen iguales, pero ahora son las aceras las que tiene problemas de salud, han sido adelgazadas para compartir su espacio con la bicicleta, que es generosa y alegre, rápida y algo maleducada aún, pero buena compañera. Sin embargo, las llaves siguen sin dejarnos pasar, las puertas opacas de los vehículos no dejan que nosotros, las aceras y las bicicletas nos bajemos a la ciudad, no tenemos llave. Lo sentimos mucho, pero lo intentamos, con sonidos, con color, con textura móvil a través del pavimento, con invasiones urbanas que impiden que más y más llaves no encierren en celdas en plena madrugada, con el paseo diario, con el grito mudo del movimiento, de la vida y de la ocupación. El coche se ha parado, la ventanilla se ha subido y, por sorpresa, aún puedo caminar. La ciudad sigue siendo receptiva, agradable al saludo de la mañana y la sonrisa del pasajero, las calles siguen teniendo dueño. Establecer un continuo intercambio para transformar el mapa actual de la ciudad en otro está en la capacidad de modificación del hábito, en la desconexión de la llave, en la llamada a la puerta y en la apertura, que ahora y siempre siguen mostrando un espacio de relación, de vida y de actos sucesivos, que muestran la ciudad. La llave es nuestra y por esto, podemos seguir llamando al a puerta.

Hace ya tiempo que escribí este breve texto, pero ahora me apetece sacarlo al blog. La imagen es de Antonio Más Morales, y se titula "La llave de mis sueños". El contexto que rodea al texto es conocido por pocos, pero creo de vez en cuando está bien recordarse a uno mismo ciertas cosas, que no pueden pasar inadvertidas en el día a día.

2 de octubre de 2010

Disculpe el Señor... (Joan Manuel Serrat)

Muchos son los años que ha pasado ya desde que la sangre derramada, los gritos diluidos y la ira transformada eran muestras de vida humana. Ahora la especie gime por callejones oscuros y angostos que no dejan ver ni la cara, ni las manos, ni siquiera la mirada. Hemos retrocedido del bipedismo, ahora somos reptiles en una sociedad marcada por el oscurantismo, por la sumisión dogmática de unos pocos que no hacen más que engordar su ego a costa del de los demás compañeros del planeta. Esta ha sido una semana complicada y compleja, en primer lugar porque tenía que "re-enfrentarme" con un examen que nunca tuvo que repetirse, porque los hechos demostraban que el fallo no era propio sino ajeno y porque mi tocayo y amigo A.E. ya me contestó mucho antes de obtener el resultado. Para colmo, y en segundo término, se juntan elementos dispares, que a uno lo hacen pensar y a otros constituir grupos irresponsables, irrespetuosos y en muchos casos demasiado ingenuos y analfabetos, que no dejan que los demás podamos controlar el artículo 28 de nuestra ley madre con libertad. Mientras tanto seguimos pagando los mismos, los que no sabemos mantener el pico cerrado y la mente en blanco. He tenido algún tiempo en el que pensé en resignarme, en intentar cambiar, en dejar de ser siempre yo el que se queja, el que protesta, el que no está de acuerdo. He intentado mantenerme alejado, no opinar y estar callado, incluso diría que he aprendido a ser prudente y a seleccionar las circunstancias y las situaciones en las que era necesario hablar. Pero no puedo, sinceramente es que no quiero, no estoy dispuesto a permanecer los años que sean encerrado en un cajón de madera con una sonrisa y con un palabra educada siempre en mi boca. Porque creo que no es lo correcto, porque no creo en el absolutismo de nada, y porque nadie puede atentar contra la persona, en ninguno de los sentidos. Por eso y por mucho más, ayer me costó dormir. Volví como siempre a mi refugio, la literatura, a pesar de que va perdiendo efectividad con el paso de los años. La radio ya ni siquiera me consuela, porque no es creíble, y mis papeles siguen desordenados encima del mueble de la cama. Así que ahora me toca hacer lo que siempre digo y aconsejo, seguir adelante, ser perseverante y tener la voluntad suficiente para continuar. Porque Wiston lo dejo bien claro, y porque son muchas las personas que siendo excelentemente buenas lo aconsejan. Lo más sencillo sería abandonar, pero aún teniendo la experiencia de lo que supone no quiero hacerlo, porque en este caso la balanza no sería positiva, y al fin y al cabo, se trata de llegar a la meta, y nada más. Esta entrada es distinta, porque no es muy positiva, porque sale desde el interior de una persona enfadada, indignada y en gran medida maltratada por un método que no sirve, y mientras los amigos de los que no son mis amigos siguen haciendo capitulitos de una serie que nunca termina. Así que, hoy me acuerdo de aquella última parte de una canción de Serrat que habla de "esos no se han enterado que Carlos Marx está muerto y enterrado".

12 de septiembre de 2010

Papeles rotos (que no muertos)

Los días siguen con su ritmo, unos son más largos y otros más cortos, pero en definitiva todos mantienen su pausa cotidiana. La ventana de mi habitación se ha convertido en el mayor balcón de mi casa, y eso que no veo más que una medianera blanca pintura (que no cal) sobre la que intenta agarrarse un jazmín que de vez en cuando me deja disfrutar de intensos olores. La medianera podría ser diferente, muy diferente, incluso podría ser mejor, pero como se considera optimista se ha aprovechado de la luz de esta tierra para parecer espejo, y así, de camino, me permite mirarme cada cierto tiempo para saber quien soy (y no hacia donde voy).
Se viene encima una temporada nueva, marcada seguramente por los pasos ligeros hacia la navidad (que si todo sigue igual empezará en breve), por la lluvia, por la caída de las hojas, la vuelta del frío y la noche. Al final, después de tantos años trabajando con la luz, parece que me decanto por la noche, aunque mi medianera quiera decirme lo contrario. La noche es más tranquila, parece que la sinapsis es más fluida y que los verbos se hacen más digestibles. A esas horas, en las que la mayoría están ya descansando a mi me gusta leer, dibujar y ahora más que nunca, estudiar y entrenar, aunque siempre lo obligado sea menos agradecido que lo voluntario (será la mentalidad y no la moralidad). Lo importante, lo desagradable, lo gratificante, lo odioso, lo divertido es que han pasado tres meses nuevos, y son nuevos por muchos motivos, porque tuve que cambiar de temario, porque no escuché la bocina que marca la salida de un triatlón con el mono puesto, porque entrené más que nunca, y porque seguramente muchas cosas estuvieron ausentes. Sin embargo aquí seguimos, con trabajo y con ganas, no siempre, pero casi nunca desaparecen. Buscando motivaciones y distracción para que Gary Marcus no nos abandone, como se abandonó a Bárbara en el tiempo y a la cultura en las mentes. Para terminar os dejo los entrenos (globales) del mes, y os aconsejo leer el artículo de El País sobre La desaparición del baño en el proyecto del estudio RCR, que aunque gravito con él, no entiendo porque se ha propuesto destruir mi parte preferida de la vivienda.
Para los desconocidos, ayer disfrutamos todos los que amamos el deporte ese que llaman Triatlón, porque una vez más Javier Gomez Noya (que va camino de Sir) se proclamó campeón del mundo, en Budapest y realizando una carrera memorable. Los límites están donde uno quiera ponerlos.
Proximamente: Historias de Can Lis

Destierros

Destierros
Esperaremos la posibilidad

En honor a un gran hombre

En honor a un gran hombre
Erase una vez un largo